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Introducción del TFG: cómo plantearla y escribirla bien

Actualizado el Pedro Puente Gil

Primera página de un cuaderno para preparar la introducción del TFG
Fotografía: Łukasz Popardowski

Una introducción no es un prólogo ornamental ni una versión reducida del TFG. Su trabajo consiste en llevar al lector desde un problema reconocible hasta una pregunta concreta y explicar por qué el recorrido que sigue la investigación es razonable. Cuando termina, el tribunal debe saber qué se estudia, por qué, desde qué alcance y con qué propósito.

El consejo más útil del artículo original de esta página sigue vigente: no dé por cerrada la introducción antes de terminar el trabajo. Escriba un borrador temprano para no investigar a ciegas, pero revise la versión definitiva con los resultados y las conclusiones delante. La introducción ha de describir el TFG que existe, no el proyecto que dejó de existir a mitad del proceso.

Antes de redactar: averigüe qué llama «introducción» su facultad

Las guías universitarias no emplean una única arquitectura. En unas titulaciones, introducción y objetivos aparecen como apartados separados; en otras, la introducción incluye antecedentes, justificación y objetivos. Un TFG empírico, una revisión sistemática, un proyecto técnico y una propuesta didáctica tampoco abren del mismo modo.

Por eso, antes de copiar un esquema de internet, reúna tres piezas: la guía docente o normativa vigente, la rúbrica de evaluación y dos o tres TFG aprobados de su misma titulación y modalidad. La Facultad de Ciencias de la Salud de Ceuta de la UGR, por ejemplo, separa introducción, objetivos y marco teórico en su estructura general. Esa separación cambia lo que debe desarrollar en cada sección.

Una plantilla útil nunca prevalece sobre esas instrucciones. Si el tutor pide una introducción extensa que integre antecedentes, se adapta el capítulo; si la guía reserva el estado de la cuestión para otro apartado, se evita repetirlo.

El recorrido argumental de una buena introducción

En lugar de pensar en cinco casillas obligatorias, piense en una secuencia de decisiones. El lector llega sin conocer todavía su trabajo. Primero necesita entender el problema; después, saber qué parte de ese problema abordará usted; y finalmente, reconocer que los objetivos y el enfoque elegidos encajan.

1. Sitúe el problema sin empezar «desde el origen de los tiempos»

Abra cerca del problema real. Una revisión sobre agotamiento en personal de enfermería puede comenzar por el contexto asistencial y la evidencia reciente, no por una historia general de la medicina. Un proyecto de software puede presentar la necesidad que el sistema resuelve, sus usuarios y las limitaciones de las soluciones existentes.

El dato inicial no es obligatorio. Si lo usa, debe proceder de una fuente adecuada y conducir al asunto central. Una estadística llamativa que no vuelve a intervenir es decoración, no contexto.

2. Delimite qué estudiará y qué quedará fuera

«Las redes sociales y los jóvenes» no define un TFG. Sí lo hacen una población, un fenómeno, un contexto y, cuando corresponda, un periodo: uso pasivo de dos plataformas y autoestima en adolescentes escolarizados de cierta etapa. La delimitación protege el trabajo frente a una promesa inabarcable.

Explique también los límites conceptuales necesarios. Si empleará «participación», «riesgo» o «eficacia» con un sentido específico, deje claro qué dimensión estudiará; las definiciones exhaustivas pueden ir al marco teórico.

3. Justifique la pregunta, no solo el tema

La relevancia social de un asunto no basta para justificar cualquier pregunta sobre él. La justificación más sólida enlaza tres planos: qué problema importa, qué sabemos ya y qué aspecto permanece insuficientemente explicado o aplicado. Ese «hueco» no tiene que ser una ausencia total de estudios; puede ser una población poco considerada, resultados contradictorios, una reforma reciente o una necesidad de intervención contextualizada.

Evite afirmar «no existen investigaciones» tras una búsqueda superficial. Es más preciso indicar qué corpus revisó y qué limitación concreta observó.

4. Formule pregunta, objetivo y, si procede, hipótesis

El objetivo general debe expresar la operación intelectual principal y el objeto sobre el que recae. «Analizar la relación entre X e Y en Z» informa más que «profundizar en X». Los objetivos específicos descomponen esa operación, pero no deberían convertirse en un índice disfrazado ni incluir tareas administrativas como «buscar bibliografía».

Compruebe la alineación: cada objetivo requiere un método capaz de abordarlo y debe recibir una respuesta en resultados o conclusiones. Si plantea una hipótesis, debe ser contrastable con el diseño; una propuesta didáctica sin aplicación, por ejemplo, no puede prometer demostrar su eficacia.

5. Anticipe el enfoque con la precisión justa

Una o dos frases pueden indicar si se trata de un estudio empírico, una revisión, un análisis jurídico, un proyecto de diseño o una intervención. Añada el corpus, la población o las técnicas que permitan entender el alcance. No replique el capítulo de metodología, pero tampoco se limite a «se utilizó una metodología adecuada».

El párrafo final puede presentar la organización del documento si la guía lo espera. No enumere capítulos como si fueran archivos: explique la lógica que los conecta, especialmente cuando la estructura no es evidente.

Ejemplo comentado: del tema amplio a la pregunta

Imagine un TFG que analiza el uso pasivo de redes y la autoestima adolescente. Una apertura de trabajo —con datos y referencias que el estudiante tendría que sustituir por los de su investigación real— podría avanzar así:

El uso cotidiano de plataformas sociales forma parte del entorno relacional de la adolescencia. La literatura no describe, sin embargo, un efecto uniforme: los resultados varían según la actividad realizada, el contexto y las características de la población. Esta heterogeneidad aconseja distinguir el tiempo total de exposición del consumo pasivo de contenidos. El presente TFG analiza la asociación entre este último patrón y la autoestima en alumnado de 14 a 16 años de dos centros urbanos. Para ello se plantea un estudio transversal mediante instrumentos previamente descritos y un análisis acorde con las variables observadas.

El fragmento no intenta impresionar con una anécdota inventada ni revela resultados que todavía no ha presentado. Hace cuatro trabajos: acota el campo, introduce la tensión de la literatura, declara la pregunta y anticipa el diseño. Después habría que justificar la selección de población, formular objetivos y añadir las fuentes reales.

Cómo cambia según la modalidad del TFG

En un estudio empírico, la introducción desemboca en una pregunta o hipótesis que el diseño pueda contrastar. Debe evitar detallar resultados en este punto. En una revisión, define el problema, explica por qué merece sintetizarse y acota población, intervención o fenómeno; el protocolo de búsqueda se desarrolla después.

En un proyecto técnico, la necesidad, los requisitos y las restricciones ocupan el centro. La novedad puede consistir en una solución mejor adaptada, no en descubrir un fenómeno. En un TFG jurídico, la introducción delimita la controversia, el marco temporal y el método de selección de normas, jurisprudencia y doctrina. Y en una propuesta didáctica, distingue entre diseñar una intervención y demostrar su eficacia: lo segundo exige evaluación real.

Una revisión en tres pasadas

La primera pasada comprueba la coherencia. Subraye problema, pregunta, objetivo, método y aportación. Si no puede trazar una línea entre ellos, el capítulo necesita una decisión conceptual, no solo estilo.

La segunda revisa la evidencia. Cada cifra, antecedente o afirmación sobre el estado del conocimiento debe llevar a una fuente que realmente la sostenga. Compruebe además que no exagera el vacío ni confunde correlación con causalidad.

La tercera trabaja la prosa. Quite frases que anuncian lo obvio —«este tema es muy importante»—, párrafos históricos que no intervienen y listas de objetivos solapados. Lea el inicio junto al final: los términos y el alcance han de ser los mismos.

Errores que delatan una introducción sin revisar

El error más grave es prometer algo que el trabajo no entrega: una muestra que cambió, una intervención que no se aplicó o una comparación que desapareció. También debilitan el capítulo la acumulación de definiciones, los objetivos imposibles de medir, la ausencia de límites y el párrafo final que solo recita el índice.

Un comienzo narrativo puede funcionar en áreas que lo admitan, pero nunca debe inventar una experiencia personal ni sustituir la evidencia. La originalidad formal tiene menos valor que la honestidad y el control del problema.

Si el trabajo ha cambiado de rumbo, actualice también título, resumen, objetivos y conclusiones. Es en esa correspondencia donde una introducción empieza a parecer profesional.

Fuentes consultadas

Preguntas frecuentes

¿Qué debe incluir la introducción de un TFG?

Debe delimitar el problema, justificar su relevancia, situarlo frente a lo que ya se sabe, formular la pregunta u objetivos y anticipar el enfoque seguido. La estructura concreta depende del tipo de TFG y de la guía del centro.

¿Cuántas páginas debe tener la introducción del TFG?

No existe una extensión universal. Debe ocupar lo necesario para preparar el problema sin sustituir al marco teórico. Consulte la guía y ejemplos de su titulación; un porcentaje o número de páginas genérico puede ser incorrecto para su modalidad.

¿La introducción se escribe al principio o al final?

Conviene redactar una versión de trabajo al principio para orientar la investigación y reescribirla al final. Así, objetivos, método, alcance y estructura coinciden con el TFG realmente terminado.

¿Se ponen resultados en la introducción?

Normalmente no se desarrollan los resultados. Puede anticiparse el propósito y, si la convención del área lo admite, la tesis o contribución, pero los hallazgos detallados corresponden a resultados, discusión, conclusiones y resumen.

¿La introducción lleva citas?

Sí cuando contextualiza hechos, antecedentes o un vacío de conocimiento. No necesita una cita por cada frase, pero las afirmaciones verificables y la delimitación del problema deben apoyarse en fuentes pertinentes.